Muchas veces las personas se frustran porque no logran bajar de peso o su porcentaje de grasa. En esta ocasión hago énfasis en el porcentaje de grasa, porque para mi el peso no lo es todo. En el peso se ven involucrados diferentes factores como el porcentaje de músculo, el porcentaje de grasa, el porcentaje de agua y la densidad ósea, por lo que, si retienes líquido o aumentas masa muscular, el peso variará poco o no variará.

Entonces, a donde voy, es a los diferentes puntos que pueden influir negativamente en ver avances en tu porcentaje de grasa, por ejemplo:

1. Bebes muchas calorías sin darte cuenta

¡Un error súper común del cual las personas no se percatan! Beber las calorías es mucho más fácil y rápido, te bebes un vaso de jugo/zumo y te tomas 40 gramos de azúcar y 220 calorías aproximadamente!. Pasa lo mismo con los tés fríos, refrescos, bebidas isotónicas (powerade, gatorade) y por supuesto las bebidas alcohólicas, que son una bomba de calorías vacías (sin nutrientes).

2. Tienes algún descontrol hormonal

Puede ser por ejemplo a nivel de hormonas sexuales, tiroideas o esteroideas. Es importante que te hagas chequeos periódicos con un endocrinólogo para que descartes cualquier patología asociada a tu sistema endocrino, y en caso de padecer alguna, llevar el tratamiento adecuado para la misma.

3. Solo haces ejercicio cardiovascular o la intensidad y frecuencia de tus ejercicios no es la adecuada para ti

Aunque el cardio, esta súper indicado para bajar el porcentaje de grasa, en exceso solo te hará perder masa muscular y por ende te hará disminuir tu metabolismo basal, haciéndote a mediano o largo plazo más difícil la pérdida de grasa y llevándote a la flacidez y al estancamiento.

Por otro lado, la intensidad y frecuencia son puntos importantes. Si te excedes con la intensidad, probablemente no estés nunca en tu zona cardiovascular adecuada para oxidar grasas (cada persona maneja un porcentaje diferente según sea la edad y el sexo). De lo contrario, si haces muy poco, o tu entrenamiento es deficiente, también tendrá las mismas consecuencias.

Es importante combinar ejercicio cardiovascular (aeróbico) con ejercicios de fuerza (anaeróbico) para obtener resultados positivos y evitar la pérdida de masa muscular y por ende evitar hacer más lento tu metabolismo.

Otro punto que puede favorecerte, es incluir ejercicios de HIIT (High Intensity Interval Training) y alternando con días de ejercicio cardiovascular entre un 60 y 65% de tu frecuencia cardíaca (sin olvidar los ejercicios de fuerza)

4. Comes menos de lo que tu cuerpo necesita (o más)

Aunque parezca irónico, comer mucho menos de lo que tu cuerpo necesita (menos de tu metabolismo basal), puede hacerte disminuir la velocidad de tu metabolismo, perder masa muscular y por ende estancarte, evitando la pérdida de grasa y generando flacidez y cambios hormonales.

5. Abusas de las comidas fuera de casa (incluyendo aquellas que consideras saludables)

Una gran cantidad de personas, lleva un estilo de vida ajetreado y no se organizan para llevarse las comidas al trabajo y/o universidad. Comer en la calle con demasiada frecuencia, aunque seleccionemos opciones “sanas“, sin duda tendrá repercusiones sobre tu salud. La comida de la calle, jamás sabremos cómo la hacen ni qué tan saludable es en realidad. En cambio, en casa, sabemos qué utilizamos y con qué sazonamos.

Adicional a esto, si eres una persona que espera el fin de semana para desbocarse comiendo chatarra porque “el fin de semana es libre y entre semana como sano“ es posible que estés influyendo directamente sobre tu incapacidad para seguir perdiendo grasa corporal.

6. No duermes suficiente

Cuando dormimos poco (menos de 6-8 horas seguidas), generamos desbalances hormonales que tienen consecuencias en el control de nuestro apetito. Por ejemplo, durante el sueño, segregamos la hormona leptina, que es la que se encarga de notificarnos cuando estamos satisfechos. Si dormimos poco, segregaremos poca leptina y por ende sentiremos hambre o antojos con mayor frecuencia durante el día.

Además, cuando dormimos poco, aumenta nuestra hormona del estrés (cortisol), lo que también genera desbalances en nuestra hormona insulina y tenemos una mayor tendencia a sentirnos ansiosos y con más hambre.

7. Sigues un plan de alimentación no personalizado

La dieta de tu prima, de internet, la del vecino o la que te hizo el entrenador que no hizo una licenciatura en nutrición y/o dietética, jamás será la adecuada para tus objetivos. No pongas en juego tu salud, busca asesoría con personas capacitadas para ayudarte a seguir un plan de alimentación (nutricionistas, dietistas, nutriólogos). No creas en todo lo que te dicen, asegúrate de recibir información de calidad.

8. Abusas de los productos “Light“ o te dejas llevar por el marketing

No está mal comprar un yogurt bajo en grasa, o un sirope para pancakes que sea “sugar free“, etc. el problema está en creer que puedes abusar de los productos reducidos en “algo“, al final aportan calorías igual y son procesados. Igualmente, caer en las modas de comer todo orgánico, sin gluten, sin lácteos, “raw“, sin organismos genéticamente modificados, ETC!!! no garantizará que tengas una alimentación verdaderamente saludable ni adecuada para ti. Lo que sí te aseguro es que tendrá repercusiones en tu billetera!